“¡Mira la mariposa!”, exclamó la niña, apuntando con su dedo una bella mariposa y siguiendo su vuelo con su dedo.  ¿Has visto alguna vez otra igual?.  Mira qué bellos colores tiene en sus alas.  Parece que la hubieran diseñado con especial amor”.

“Así fue diseñada, justamente”, le dijo el niño.  “He visto muchas mariposas, pero no una exactamente igual a ésta.

“Se posó en esa flor”, dijo la niña.  “Me voy a acercar lentamente a ver si logro verla más de cerca.  No deben tocarse las alas de las mariposas.  Dicen que si las tocas, les quitas un polvito que ellas tienen en las alas y que les permiten volar”, dijo la niña mientras se acercaba lentamente hacia el lugar donde permanecía posada la mariposa”.

 

“Sería triste ser una mariposa y no poder volar”, comentó el niño…”Si le dieron alas es para que vuele.  Es igual que los pájaros.  Imagínate que a un pájaro le cortaran las alas…No podría volar…estaría limitado…¿Por qué haríamos algo así?…”.

“Estoy de acuerdo contigo.  Yo no la voy a tocar.  No quisiera por un error mío correr el riesgo de que esta bella mariposa pase el resto de su vida terrenal arrastrándose por el piso, en lugar de disfrutar volando, pasando de flor en flor o de rama en rama y teniendo la oportunidad de sentir sus alas transportándola de un lugar a otro”.

“Una mariposa que no puede volar es como una flor sin aroma o como un arco iris sin colores”, dijo el niño…”Sería como un ser humano sin espíritu”…”Sería algo, pero habría perdido su esencia…¿Y cómo podemos vivir sin nuestra esencia?…Perdería sentido la vida misma…”.

La niña estaba cada vez más cerca de la mariposa.  Daba cada uno de sus pasos muy lentamente, como para pasar desapercibida.

“Es increíble pensar que esta bella mariposa comenzó siendo una larva y después un gusanito que se arrastraba por el piso y comía hojas”, comenzó a explicar la niña.  “Después hizo su capullo.  Ahí adentro, sufrió su proceso de metamorfosis.  Cuando salió del capullo, ya se había convertido en una bella mariposa, lista para volar”.

“Así es”, dijo el niño.  “Ese proceso era necesario para que se produjera la transformación.  Los seres humanos también sufrimos transformaciones.  Generalmente esas transformaciones ocurren a raíz de momentos dramáticos, tragedias, o profundo sufrimiento.  Después de la noche oscura, siempre llega el amanecer, con su luz radiante.  Esas transformaciones ayudan a nuestro espíritu a volar mas alto, sintiéndose libre y fortalecido.  Las mariposas también vuelan libres con sus alas fortalecidas, al salir del capullo”.

La niña estaba tan cerca de la mariposa que la hubiera podido tocar.  Se quedó calladita, sin cesar de admirarla.  La mariposa abría y cerraba alas.  Finalmente, la mariposa emprendió nuevamente el vuelo, y la niña y el niño siguieron su vuelo con sus ojos, admirando sus bellas alas.