Hoy estuvimos en Guarenas, con un bello grupo de niños, activos, inteligentes, y dispuestos a aprender, artistas del Taller Mi Yo Creador conducido por la Fundación Comunicarte.  Al igual que lo hicimos con la Fundación la Casa de Ana, esta vez, con los hijitos de trabajadores informales de Guarenas, aprendimos sobre la verdad, con la fábula de «El Pastorcito Mentiroso» de Esopo, y sobre la amistad, con la fábula de «Los Dos Amigos y el Oso», de Félix María Samaniego. Ninguno de los niños conocía ninguna de las dos fábulas.  Ojalá en nuestras escuelas los niños aprendieran más sobre valores a través de cuentos, de teatro y de música.

Mientras narrábamos la fábula, el equipo de facilitadores del Taller Mi Yo Creador representaba a cada uno de los personajes con disfraces diseñados por   Mireya González.  Comenzamos con la fábula de «El Pastorcito Mentiroso».  Los niños estaban fascinados, prestando mucha atención.  Cuando salió el lobo, comenzaron a gritar.  Al final una de las niñitas me comentó que casi se le había salido su corazón del susto… Cuando terminó la representación de la primera fábula, les preguntamos a los niños sobre lo que habían  aprendido.  Todos estaban clarísimos…»No era bueno decir mentiras».  Conversamos sobre las consecuencias de nuestras acciones…Sobre cómo cada vez que el pastorcito había pedido auxilio, quienes habían venido a ayudarle habían tenido que dejar sus quehaceres para asistirlo…Sobre cómo no era bueno burlarse de los demás…En fin…Un montón de lecciones de vida.  La parte más bella es ver a los niños después representando la fábula y haciéndolo «como hubiera debido ser».  La imaginación de los niños es maravillosa.  Su espontaneidad y sinceridad extraordinarias.  Ellos representan la historia…se disfrazan…cambian los textos…y aprenden.  El pastorcito volvió a  mentir la primera vez, pero cuando los aldeanos le explicaron que no era bueno decir mentiras, que ellos eran sus amigos y que  habían venido a ayudarlo pensando que él estaba en un apuro, él había comprendido.  Nunca más había vuelto a mentir.  Cuando de verdad vino el lobo semanas después, los aldeanos volvieron a venir a ayudarlo y lograron espantar al lobo sin que se comiera a ninguna de las inocentes ovejitas.  La fábula del oso también les encantó…y a los facilitadores y representantes presentes también.  Así, terminamos merendando y hablando sobre la verdad y sobre la amistad.  Bellos momentos…