¿Qué habrán pensado María Magdalena, María, la madre de Jacobo, y Salomé cuando después de la agonía y muerte de Jesús ellas fueron al sepulcro?… ¿Habrán siquiera pensado en la posibilidad de la resurrección tantas veces anunciada por Jesús mismo?…¿Se les habrá pasado la idea por la cabeza?…¿O será que cuando lo escuchaban no entendían?…¿O que no prestaron atención a Sus palabras, con sus mentes invadidas por miles de pensamientos banales y cotidianos?…

Las tres mujeres deben haber estado agotadas emocionalmente, habiendo seguido de cerca el juicio, la condena, la humillación y tortura infligidas, la agonía sufrida y la muerte de un ser querido por ellas. Cuánto habrá sufrido María, la madre de Jesús, sabiendo que el ser que había tenido en sus entrañas era tratado tan injustamente y había sufrido una muerte tan dolorosa a manos de quienes no eran dignos…

Pareciera que no pensaron en la resurrección como una posibilidad porque cuando pasó el día de reposo, compraron especies aromáticas para ir a ungirle (San Marcos 16.1). No le dieron cabida a otro pensamiento. Hicieron lo mismo que hubieran hecho por cualquier otra persona querida y fueron al sepulcro el primer día de la semana muy temprano.

Se pusieron de acuerdo, como lo hubiera hecho cualquier persona, para ir a ungirle con las especies aromáticas que habían comprado, como era la tradición de la época. Su preocupación era quién les removería la piedra del sepulcro…como lo hubiera sido para cualquiera de nosotros, humanos, quienes a pesar de sostener tener fe, pensamos en soluciones humanas en lugar de reposar confiados en el poder de Dios.

¿Cuál fue su reacción cuando se percataron que la piedra, que era muy grande, había sido removida y cuando vieron al ángel, sentado al lado derecho, cubierto de una larga ropa blanca?…Se espantaron…(San Marcos 16.5). Lo que estaban viendo iba más allá de su entendimiento…de lo que sus mentes eran capaces de comprender…y por eso se asustaron…

El angel les dijo: No os asustéis; buscáis a Jesús nazareno, el que fue crucificado; ha resucitado, no está aquí; mirad el lugar en donde le pusieron. Pero id, decid a sus discípulos, y a Pedro, que él va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis como os dijo.

Las tres mujeres, habiendo escuchado al angel, “se fueron huyendo del sepulcro, porque les había tomado temblor y espanto; ni decían nada a nadie porque tenían miedo”. En su naturaleza humana, las mujeres no pudieron controlar el temor a lo desconocido y a lo nunca visto…salieron huyendo, aterrorizadas…sin atreverse a decirle nada a nadie…No obstante que el propio angel les recordó que verían a Jesús en Galilea, como Jesús ya se los había dicho.

Preparemos nuestros corazones para creer en lo que ya ha sido anunciado y pidamos que Dios nos libre de temores injustificados y que nos permita tener esa fe ciega pues…si las mujeres hubieren escuchado, hubieren prestado atención y hubieren entendido, sus corazones habrían estado dispuestos sabiendo que Jesús resucitaría y se habrían evitado el terror que sufrieron al ver cumplidas las palabras de su ser amado. Pidámosle a Dios que sea Él quien nos de las fuerzas para creer, independientemente de que en nuestras mentes limitadas, sea imposible que suceda lo que ha sido anunciado. Pidámosle a Su Espíritu que abra nuestros ojos, que agudice nuestros oídos y que nos de entendimiento para que estemos listos en todo momento y en cualquier lugar.

 

 

Devocionales

Caracas, 23 de enero de 2015