playa;  arena blanca;  paisaje;  cuento;  Domingo de Ramos;  Espíritu en Movimiento;  Maritza Meszaros;“Hoy es Domingo de Ramos”, dijo la niña.  “¿Te habías dado cuenta?”.

“Sí”, dijo el niño.  “Me había dado cuenta”.

“Fui a la iglesia con mi abuelita”, dijo la niña.  “Siempre me ha encantado cuando nos dan las palmas y todos juntos cantamos recordando cómo fue recibido Jesús en Jerusalén, con cantos y alabanzas”, dijo la niña.  “¿Te imaginas cómo se debe haber sentido, entrando en un pollino y siendo recibido con palmas batiéndose y con loas?.

“Él sabía cuál era Su misión, y sabía que sólo para cumplirla había venido a esta tierra.  Aunque debe haber sentido emoción al ver cómo lo recibían, debe haber sentido gran tristeza también en ese momento”, dijo el niño.  “Imagínate cómo se sentiría sabiendo que algunos de aquéllos que lo estaban recibiendo así, unos días más tarde pedirían su crucifixión.  Además, él ya sabía que sería traicionado por uno de los doce que le habían sido tan cercanos por 3 años y que lo seguían, compartiendo con Él Su tiempo y Sus enseñanzas”.

“No me lo puedo imaginar”, dijo la niña.  “Me parece demasiado doloroso…”.

“Es extremadamente doloroso”, dijo el niño.  “Pero igual, doloroso y todo, Él recorrió el camino que había sido trazado y logró Su cometido…Tanto así que más de 2000 años después aún lo recordamos y tratamos de seguir Su ejemplo…Ese ejemplo de hermandad, de apoyo, de verdad, de amor, de sacrificio y de esperanza”.

“Me encanta cómo hablas”, dijo la niña.  “Ojalá en el mundo pudiéramos cambiar, para que desapareciera la traición, para que no existiera más la mentira, para que actuáramos dignamente…”.

“El mundo cambiará cuando cada uno de nosotros cambie…”, dijo el niño.  “Cuando los padres den un buen ejemplo a sus hijos…Cuando cada uno de nosotros vea ese ejemplo de verdad, compañerismo y dignidad en su casa, en su colegio, en su trabajo, en su entorno…Entonces el mundo cambiará.  Lo único que podemos hacer nosotros es analizarnos como seres humanos…analizar nuestra actuación diaria, y cambiar en nuestro corazón…Cambiar de adentro hacia afuera.  Cuando no le tengamos miedo al qué dirán y cuando podamos defender la inocencia y la verdad incluso arriesgando nuestra posición y nuestra seguridad…entonces, el mundo cambiará.  Cuando no usemos la palabra de Dios para defender nuestra posición, sino para defender a los otros…Cuando realmente veamos la viga en nuestro propio ojo antes de ver la paja en el ojo de nuestro hermano…entonces el mundo cambiará”.

“Casi te podría decir que estoy aprendiendo más aquí que en el sermón que escuché hoy en la iglesia”, dijo la niña.

El niño sonrió.  “En el fondo, en este momento estamos alabando a Dios de otra manera.  Los dos aquí, en este bello lugar, compenetrados con Su creación, y recordando Su entrada a Jerusalén hace miles de años, estamos en comunión con Él”, dijo el niño.

“Sí…”, dijo la niña.  “Así lo siento.  Le pido a Dios que  limpie mi corazón y que me permita ser como agua transparente que limpie lo que esté a su paso y que cure las heridas en los corazones de otros”.

“Bella oración”, dijo el niño.  “Si todos sentimos así, si todos oramos así y si todos ponemos en práctica lo que Dios pide de nosotros, entonces…el mundo cambiará”.

La niña sonrió y dijo, “yo pondré mi granito de arena para ese cambio a partir de hoy”.

“Granito a granito, se formará la más bella y blanca playa que jamás hayas imaginado”, dijo el niño.

Y los dos permanecieron en silencio imaginándose una maravillosa playa de arenas blancas que antes no existía y que había comenzado con apenas dos granitos de arena.

 

Tomado del borrador del Libro Gotas de Amor

Cuento para Mark  (24)

24 de marzo de 2013