Fue el ángel Gabriel quien anunció tanto el nacimiento de San Juan el Bautista como el nacimiento de Jesús. Todo esto sucedió en tiempos de Herodes, Rey de Judea.

Es increíble tratar de imaginarse cómo ha debido ser esa época y cómo han debido sentirse Isabel y María, madres de Juan y de Jesús, respectivamente, cuando el ángel Gabriel se les apareció. ¿Cuánto asombro, incredulidad, esperanza, y temor habrá habido en el corazón de estas dos mujeres que fueron elegidas para recibir un mensaje y para concebir a dos seres especiales e increíbles que serían unas bendiciones para sus madres pero que también serían la fuente de tanto dolor humano para ellas, siendo ambos asesinados en forma tan cruel sin ninguna razón por vivir una vida enseñando “cómo debía ser”. Uno, Juan, no era merecedor ni de amarrarle las sandalias al otro y así lo reconocía él mismo. El otro, hijo de un carpintero, pero también Hijo de Dios, venido al mundo para salvarnos de nuestros pecados. Ambos unidos por un lazo muy especial que describimos en más detalle en este link del devocional titulado El Lazo entre San Juan Bautista y Jesús.

Es increíble, también, tratar de imaginar lo que habrán sentido estas mujeres cuando lo anunciado por el ángel pasó a ser una realidad. Isabel, estéril y avanzada en años, esperando un hijo, y María, sin conocer varón, esperando un hijo concebido por el Espíritu Santo. Todo esto con una separación en tiempo de aproximadamente 6 meses.

Mas increíble aún es entender que aun cuando Isabel y María fueron escogidas por Dios para traer al mundo a Juan El Bautista y a Jesús, esa gracia no las libró del sufrimiento que tuvieron que enfrentar por la injusticia a la cual fueron sometidos sus hijos y por su muerte, una vez cumplida su misión.

Cuando las circunstancias nos opriman…Cuando nos encontremos rodeados de soledad, de tinieblas o de muerte, recordemos que tanto Isabel como María enfrentaron duras pruebas a pesar de estar bendecidas por Dios y que tanto Juan como Jesús padecieron sin causa justa. Busquemos el consuelo del Espíritu Santo, quien siempre nos acompaña y nos cobija en los momentos más duros, cuando nos faltan las fuerzas y creemos que no podemos seguir. Recordemos que todo lo podemos en Cristo que nos fortalece y marchemos hacia delante con fe y con esperanza.