I.  INTRODUCCIÓN

 

Aparte de la bellísima lección magistral que recibí en mi primera subida por el Camino a la Piedra del Indio, ese mismo día y en esa misma subida, ocurrieron eventos y se me cruzaron un montón de pensamientos que he decidido organizar en esta Segunda Parte del Camino a la Piedra del Indio, con el título “Pensamientos Durante la Subida”.

El 6 de agosto de 2011, sonó el teléfono celular a las 5 a.m.  Era una llamada del exterior.  Preocupada, llamé a mi familia, pensando que podían ser ellos quienes me estaban llamando.  Gracias a Dios no eran ellos, así que me disculpé por despertarlos y traté de volver a dormir.  Ya no fue posible.  Mi mami me llamó como a las 6:10 a.m. para darme los buenos días y preguntarme a qué hora iba a subir a su casa.  Le dije que sería tarde en la tarde.  Después, a las 7:10 a.m. me llamó una de mis compañeras de montaña para preguntarme que cómo estaba el clima por mi casa, porque por la suya estaba lloviendo.  Yo había puesto mi despertador a las 8:00 a.m. pensando que por fin iba a poder dormir hasta tarde…y a partir de las 5 a.m. no había logrado volverme a dormir…A veces los planes que uno hace cambian totalmente por circunstancias ajenas a nosotros…Con buen ánimo, miré hacia la ventana, aceptando que ya no dormiría más…Le contesté a mi amiga que el día se veía lindo, pero que iba a asomarme.  Cuando me asomé, ví que estaba lindo hacia el Oeste sobre el Ávila.  Hacia el Este y hacia el Sur estaba bastante nublado, con pinta de lluvia.  Decidimos que igual haríamos nuestra planeada excursión a la Piedra del Indio, aunque iríamos preparadas para la lluvia…con respecto a esto, siempre me ha impresionado cómo en un lado llueve, mientras en otro lugar el sol resplandece…cómo en un lugar es de noche, mientras en otro es de día…cómo en un lugar hay guerra, mientras en otro lugar hay paz…cómo en un lugar hay amor, y en el otro reina el odio…también me pareció que lo que estaba ocurriendo servía para evidenciar cómo siempre debemos prepararnos para lo que nos espera si atisbamos hacia lo que viene y tomamos las previsiones debidas…decidimos subir, pero, obviamente, nos aseguramos de llevar un cambio de ropa, un poncho y bolsas plásticas para nuestros celulares…pensé que esto aplicaba perfectamente para la vida…

Llegó la hora de salir para encontrarme con mis compañeras de montaña.  Ya estaba lista y llevaba mi morral, mi gorra, y mis botas. Nos encontramos en Sebucán y cruzamos una parte de la Cota Mil, lo cual siempre me ha parecido peligroso, pero inevitable para acceder algunas subidas en El Avila, a menos que vengas del Este hacia el Oeste.  El paseo a la Piedra del Indio fue espectacular.  Mis compañeras montañistas habían planeado la ruta y ya la conocían.  Para mí era la primera vez.  Tenía muchas ganas de subir.

 

II.                      INICIANDO LA SUBIDA

 

Comenzamos la subida.  Éramos 4 en total.  Yo sabía que probablemente me quedaría de última, porque era la menos entrenada de las 4, pero, a pesar de ello,  estaba bien animada.  Desde que había comenzado la caminata le había venido dando gracias a Dios por la oportunidad de poder estar ahí.  Me maravillaba que aunque habíamos comenzado la subida con una suavísima llovizna, ahora hacía un sol radiante.  Había tenido esta misma experiencia muchas veces y siempre me llamaba la atención percatarme de cuán rápido pueden cambiar las circunstancias en las que nos encontramos.  Durante todo el camino yo iba muy pensativa…tenía la mente llena de ideas y el sentir la naturaleza y exigirme físicamente parecía permitirme hilar las ideas con más velocidad. Yo iba mas lento que las demás.  Tenía bastante tiempo que no subía, y además, caminaba con la mente inundada de pensamientos.

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II.  EL PAPEL DEL ESFUERZO EN NUESTRA VIDA

 

Mientras caminaba, pensaba en la experiencia que había tenido en la clínica una semana antes… pensaba en lo increíble que es la vida, en cómo lograr las metas, en los procesos y en las evoluciones…pensé en que me sentía satisfecha de tener el poncho, aunque no lloviera, porque estaba preparada para cualquier contingencia. Pensé en que cuando nos proponemos un plan, sabemos que tenemos que prepararnos para lograrlo. Le comenté a una de mis amigas que yo siempre le decía a mis hijos que cuando teníamos un examen cerca, teníamos que estudiar.  Podíamos pedirle al Espíritu Santo que nos ayudara a organizar las ideas, a entender las preguntas y a seguir adecuadamente las instrucciones, a cumplir las expectativas o, mejor aún, a excederlas…lo que no debíamos hacer era no estudiar y pretender que el Espíritu Santo nos diera todos los conocimientos sin nosotros hacer ningún esfuerzo.

Seguí subiendo y pensando que todos los que llegan a la meta lo logran con esfuerzo.  Tienen que pasar por eventos que los fortalecen.  Se han levantado de sus caídas y han seguido adelante.

Me vino entonces a la mente mi hijito menor y la experiencia que tuvimos en la montaña con las uvas pasas mágicas…hacía ya bastante tiempo, en una de nuestras excursiones, llegó el momento en que mi hijo menor me dijo que no podía mas,  Yo le di la mano y le dije que claro que podía, pero él realmente estaba bastante agotado.  Seguimos caminando y subiendo, aunque cada vez a él le parecía más difícil.  Una de mis compañeras traía una bolsita con uvas pasas.  Cuando se las ofreció le dijo que esas eran unas uvas pasas mágicas y que si él se las comía, le iban a dar muchísima energía…le explicó que las uvas tenían azúcar y que si las mordía y se las ponía debajo de la lengua le harían efecto más rápido.  Realmente las uvas fueron “mágicas”…después de que mi hijito se las comió y tomó un poquito de agua, no lo volví a ver hasta que llegamos arriba…pensé en cómo un mensaje apropiado, el conocimiento debido y una buena recepción de parte de quien recibía el mensaje, podían lograr efectos fabulosos.

 

IV.  PERSPECTIVA

 

Una de mis amigas comentó que era impresionante cómo apenas habiendo caminado 15 minutos la ciudad se veía tan abajo.  Era cierto…cuando uno se aleja, tiene una perspectiva distinta de las cosas…y cuando asciende, lo que queda abajo se empieza a hacer insignificante para el que está arriba…

 

V. SEGURIDAD

 

Subiendo a la Piedra del Indio, a donde nunca había ido antes, me daba tranquilidad saber que iba con gente que ya había subido y que conocía el camino.  ¡Qué distinto es recorrer un camino conocido que uno desconocido!…éso pasa incluso cuando vamos en el carro…pareciera que el carro casi anda solo cuando vamos a nuestra casa o a nuestro trabajo…como recorremos el mismo camino todos los días, no tenemos ni que pensar…podemos ir en automático…conocemos cada piedra del camino… Pensé en cómo cuando nos unimos a gente mas capaz o mas entrenada que nosotros, logramos exigirnos mas y darnos cuenta de que hay muchos que están mas avanzados y que logran llegar mas lejos.  Esto nos ayuda a darnos cuenta que nosotros también podemos dar más frutos, si utilizamos nuestros talentos sabiamente y para la gloria de quien nos los dio.

 

VI.                   PREPARACIÓN

 

Pensé en el viaje que desde que mi hijo mayor tenía como 7 años tenía planeado hacer con él al Kilimanjaro cuando se graduara de bachiller.  Me pregunté si podríamos lograrlo y cuánto tendríamos que entrenar para estar preparados.  Me tranquilizaba saber que lo haríamos con un guía experto y que aún teníamos tiempo para prepararnos.  Fue entonces cuando comencé a comparar el camino que estaba recorriendo subiendo a la montaña con el camino que recorremos en nuestras vidas.

 

VII.   EL VIA CRUCIS

 

Me estremecí al pensar en el camino que recorrió Cristo hacia el Calvario con la cruz a cuestas.  Pensé en cómo justo cuando Cristo no podía mas, un soldado romano le ordenó a alguien que lo ayudara.  Pensé en cómo a veces nos sentimos absolutamente solos y no nos damos ni cuenta de que, apenas una curva más adelante, están quienes nos han acompañado todo el camino y nos han precedido.  Tampoco nos percatamos de la presencia de aquéllos que vienen caminando mas atrás que nosotros.

Me asombré pensando en cómo los mas entrenados y aventajadas son los que se regresan a ayudar a los mas débiles porque tienen la energía para hacerlo y volver a subir, mientras que otros no se paran a ayudar porque saben que son débiles y que si tratan de ayudar a los demás, a lo mejor ni ellos mismos llegan.  También pensé en aquéllos que simplemente no se paran porque sólo piensan en cómo ellos pueden llegar primero, y eso es lo único que les importa…

Comparando cada una de las estaciones que pasó Jesús con nuestra vida y con el camino que ahora recorría, me pareció que cada una de las estaciones que Él pasó eran como un trecho dominado, para poder llegar a la meta victorioso…al final del recorrido, cumpliendo la misión exitosamente…

 

VIII.               ENSEÑANZAS – DE LA TIERRA AL CIELO

 

Mientras pensaba, caminaba y seguían fluyendo los pensamientos…Recordé cuánto placer me había dado recientemente una experiencia que había tenido con uno de los abogados jóvenes de la oficina.  Él me estaba ayudando a preparar una opinión.  Cuando la revisé, me pareció que no tenía ni pies ni cabeza.  Parecía que sí tenía la información requerida, pero yo no lograba entender ni las conclusiones ni el análisis.  Hubiera podido sentarme y rehacer yo el trabajo, pero preferí dedicarle el tiempo a tratar de hacerle entender cuál era el problema con la opinión, qué le faltaba y cómo debía mejorarla.  Él me explicó las razones por las que el borrador había salido así.  Le expliqué que el problema era que si yo, siendo abogado y estando preparada en la materia, no entendía, mucho menos lo iba a entender el cliente.  Le expliqué que nuestro objetivo era que el cliente pudiera entender todo lo que le enviáramos para poder tomar una decisión con respecto al punto que tuviera justificación, teniendo a su mano todos los argumentos y razonamientos necesarios para poder tomar esa decisión, entendiendo los riesgos y también las ventajas.

Le comenté que para uno poder escribir analizando un tema, primero uno debía entender bien lo que estaba tratando de escribir.  Le di algunas herramientas para el análisis.  Me gustó ver con cuánta dedicación él trataba de cumplir con lo que yo le estaba pidiendo.  Mientras yo trabajaba en otra cosa, él trabajaba en modificar el informe.  Así paso algún tiempo y en vista de lo tarde, nos despedimos.  Yo volví a repetirle que lo importante era que él entendiera bien lo que estaba tratando de transmitir.  Le dije que antes de mandármelo, estuviera él satisfecho con su trabajo.  Como a él ya le han publicado varios artículos en prensa que yo he considerado muy  bien escritos, le dije que tratara de pensar que éste era uno de esos artículos y que incluyera los temas que estaba analizando, las bases para su análisis, el contenido de ese análisis y unas conclusiones claras y precisas.  Yo me preguntaba si él me estaría captando lo que le estaba tratando de explicar.  Él me comentó que la verdad era que estaba un poco descorazonado porque ese día había tenido dos temas donde se había evidenciado que no estaba haciendo las cosas correctamente ni cumpliendo con las expectativas.  Hablamos sobre el otro tema, que ya se había solucionado.  Comentamos que no siempre logramos lo que nos proponemos, especialmente cuando estamos comenzando…lo importante es empeñarse, dedicarse, entender y poner en práctica lo que aprendamos, para así ir mejorando.  A primera hora de la mañana siguiente, recibí el informe modificado.  Le escribí al joven abogado: “¡Excelente…!.  Del cielo a la tierra…o mas bien, de la tierra al cielo!.  Creo que ahora no solo lo entendiste tú, sino que lograste que yo también lo entendiera.  ¡Te felicito!”.  Él contestó agradecido y yo, realmente, me sentí extremadamente satisfecha.  Pensé entonces en cuán gratificante es para los maestros  ver el resultado de sus esfuerzos  y en cuán importante es darles el reconocimiento que merecen en nuestra sociedad.

Mientras seguía subiendo, pensaba en cómo el camino de la vida nos permite caminar al lado personas que nos enseñan cómo mejorar y cómo debemos estar pendientes de adquirir el aprendizaje que nos están transmitiendo y de ponerlo en práctica.

 

IX.                   PENSAMIENTOS E IMPORTANCIA DE LA HISTORIA

 

Un poquito más adelante, me vinieron a la mente nuevamente pensamientos sobre los propios pensamientos.  Recientemente había comentado con algunos compañeros de trabajo cómo muchas veces he sentido que todo lo que he pensado ya ha sido pensado antes, y que todo lo que he sentido ya ha sido sentido.  Una de mis compañeras de trabajo comentó al escucharme que podía ser, pero que seguro no había sido ni pensado ni sentido en la misma forma en que yo lo había pensado o sentido.  Ahora, en el Camino a la Piedra del Indio, meditaba sobre ésto y me preguntaba si los pensamientos y los sentimientos serían iguales o no.  Pensé en cuántas veces me ha pasado que cuando estoy oyendo una charla y me viene una pregunta a la mente, de repente la persona que tengo al lado formula exactamente la misma pregunta que yo me estaba haciendo internamente. Me pregunté si la diferencia sería que otros lo han pensado, pero no lo han escrito…es decir, a lo mejor muchos lo pensaron, pero no lo compartieron…les digo mucho a mis hijos que escriban sus ideas y anoten cuándo las pensaron, para que luego puedan releerlas y saber cómo pensaban en un momento de sus vidas y cuánto han avanzado.

Recordé cómo en algún momento yo estaba razonando que para poder entender el presente teníamos que entender el pasado, y cuán importante era estudiar y conocer la historia del mundo. Yo estaba feliz pensando que mis hijos sí estaban teniendo esta oportunidad…yo nunca había tenido clara la cronología y, en cambio ellos, a punta de canciones y de clases sobre la materia, conocían la cronología de los eventos desde el principio, y podían ubicarlos bastante bien en la línea del tiempo.  Unos meses después, a mi hijo mayor le ofrecieron entrar a la biblioteca de una de sus maestras y escoger 2 libros.  Él escogió dos libros de historia, y en la introducción había justo una frase que recogía el pensamiento de la relevancia del pasado para entender el presente…¿Será que todos los pensamientos ya han sido pensados pero tal vez no expresados?.

 

 X.                   SENTIMIENTOS

 

Mientras continuaba subiendo, pensé en los sentimientos…el amor, el odio, la alegría, la tristeza, la esperanza, la flojera…pensé en que podía considerarse que en el camino de la vida, nos encontraríamos con todos ellos y los sentiríamos…la pregunta era justo ¿cómo reaccionaríamos nosotros ante ellos?.  ¿Nos dejaríamos dominar por ellos, o los lograríamos controlar?.  ¿Sería importante controlarlos o sería mejor sentirlos y dejarlos volar libremente?.  Pensé en que cada vez que nos encontráramos con uno y lográramos entender su esencia, sería como una meta alcanzada.  Nos darían una medalla o un símbolo que evidenciara que nosotros ya lo habíamos logrado.

Fue en este momento cuando me vino a la mente el bello libro de John  Bunyan, El Progreso del Peregrino (The Pilgrim’s Progress)…yo les había leído a mis hijos una versión infantil cuando eran más jóvenes…y ratifiqué que todo lo que pienso ya ha sido pensado. Este libro fue publicado en febrero del año 1678, hace más de 3 siglos y ha sido traducido en más de 200 idiomas.  Cuenta la historia del viaje de “Christian” (nótese el nombre en castellano –Cristiano-), de la Ciudad de la Destrucción a la Ciudad Celestial.  Christian deja todo, incluso a su familia, que no lo quería acompañar, para hacer el viaje y salvarse.  En el camino encuentra muchos obstáculos, desvíos y distracciones.  Entre las distracciones está la búsqueda de la salvación a través de la Ley, de las Buenas Costumbres y de la Moralidad, en lugar de a través de la fe en Cristo como Hijo de Dios.  Christian lleva una carga muy grande y va pasando por puertas.  Una de ellas comienza el recto y estrecho camino para llegar a la  Autopista del Rey. Al llegar al lugar que representa la cruz de Cristo y su resurrección, finalmente Christian logra liberarse de su carga.  En su camino, Christian se encuentra, entre otros, a Fidelidad, a Vanidad, a Esperanza, a Discreción, a Prudencia, a Piedad, a Promesa, a Misericordia, a Esperanza Vana, a Superstición, a Miedo y a Ignorancia.  En algún momento, Christian hasta es confrontado con la idea del suicidio…la historia tiene un final feliz, y Christian logra llegar a la Ciudad Celestial, culminando así su viaje.

 

XI.               DECISIONES

 

En alguna parte del camino había un árbol caído cuyo tronco principal se abría en dos ramas.

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Pensé en como en el camino de la vida a veces se nos presentaban bifurcaciones y dependiendo por dónde agarráramos podíamos terminar en un sitio completamente distinto al que habíamos pretendido llegar.  Recordé a un amigo que había compartido conmigo cómo hubo un instante en el cual, de joven, él hubiera podido terminar muy mal parado…iba con un grupo de compañeros y de repente uno de ellos dijo algo así como:  “Yo creo que me podría robar un carro…¿qué tal si nos robamos ese carro?”.  Él decidió en ese momento no participar y regresar a su casa.  Los demás se quedaron y siguieron la propuesta del que había tenido la idea…

Pensé también que podría ser verdad que ambos caminos pudieran llevar al mismo sitio…sin embargo, siempre hay uno que es más fácil y hay otro que representa más riesgos y hace mucho más difícil el ascenso…

Recordé entonces otro paseo al que fui con mis tres hijos y con varios otros amigos montañistas.  Íbamos a la Cueva de Emilia.  Llegamos a una parte del camino que se veía bastante peligrosa.  Tuvimos que arrastrarnos para pasar por debajo de unas matas y nos rasguñamos los brazos y las piernas…después pasamos por unos sitios donde el pie de mi hijo mayor se salía del camino, por lo estrechito que era el camino…mi hijita, que es muy juiciosa, muy lógica y muy pendiente de todo, comenzó a decirme que por qué no nos regresábamos…yo estaba confiando en mis compañeros que conocían el camino.  Sin embargo, hice la pregunta y comenté que no me estaba gustando el camino.  Me contestaron que íbamos a seguir un poco más a ver cómo estaba más adelante.  Seguimos, hasta que llegó el momento en que hasta los más expertos decidieron retroceder.  Realmente ya no había camino.  Una de las más jóvenes del grupo se había dado cuenta de que la aventura no tendría éxito, antes que todos los más avanzados.

En algún momento, ya regresando, mi hijita metió sus pies en un charco…porque además, había llovido y el camino estaba resbaladizo.  Sus zapatos de tenis, nuevos, que ella se había puesto porque no tenía otros, se llenaron de barro por dentro y por fuera, al igual que sus medias…todo era entre marrón y rojo…no quedaba nada blanco…ella se puso a llorar y me dijo:  “Mamá, ¿por qué nos metiste por aquí?.  Yo hoy quería ir  a un centro comercial para ver tiendas contigo y conversar y mira dónde estamos…Le dije que ya estábamos ahí y que teníamos que seguir.  Le dije que lamentaba haber insistido en este paseo, pero que también habíamos aprendido muchas cosas valiosas y que una de ellas, en este momento, era que teníamos que perseverar para lograr regresar.  Le dije que lavaríamos los zapatos y que todo quedaría igual…me dijo que igual nunca serían.  Le contesté que si no quedaban iguales compraríamos unos nuevos.  Ya después disfrutamos muchísimo del viaje de regreso, compartiendo y teniendo la posibilidad de conversar mi hijita y yo solitas, porque los demás iban más adelante.  Esta historia, por si misma, me parecía que tenía muchas enseñanzas sobre la vida también.  Le pedí a Dios que protegiera siempre a mis hijos y que los ayudara a regresar si algún día llegasen a  perderse.

 

XII.               LA META

 

Alguien había comentado, cuando íbamos subiendo, que en algún momento, cuando estuviéramos llegando, podría ver la Piedra del Indio y que de ahí en adelante todo sería muy sencillo.  Señalaron que al ver la meta, funcionaría como un imán que nos atraería con una gran fuerza.  Y así fue… Al llegar a la Piedra del Indio nos comimos algunas frutas y chocolate.  Me encanta que en la montaña cada quien lleva lo suyo y después todo se comparte.  En la piedra mas abajo vimos un ratoncito campestre comiéndose un pedazo de pan y un lindo pajarito que también vino a comer.  Pensé en cómo ha debido ser el paraíso, pues ahí estábamos cuatro mujeres, disfrutando de la presencia muy cercana de un ratón, sin estremecernos, sin gritar y sin correr…así lo planeó Dios, que toda la creación estuviera en armonía…

Durante la bajada nos agarró la lluvia…nos pusimos los ponchos y disfrutamos de sentir el agua en algunas partes de nuestra piel.  Al llegar a nuestro punto de partida nos sentíamos satisfechas…y habíamos dejado en la montaña cualquier ansiedad o preocupación acumulada.  ¡Qué rico es acercarse a la naturaleza y alejarse del cemento, de la civilización y del ruido, aunque solo sea por unas horas…sintiéndonos repotenciadas, continuamos disfrutando de nuestro fin de semana!.