Parábola del sembrador (San Marcos 4:1-32)

Otra vez comenzó Jesús a enseñar junto al mar, y se reunió alrededor de Él mucha gente, tanto que entrando en una barca, se sentó en ella en el mar; y toda la gente estaba en tierra junto al mar. Y les enseñaba por parábolas muchas cosas y les decía en su doctrina: Oíd:  He aquí, el sembrador salió a sembrar; Y al sembrar, aconteció que una parte cayó junto al camino, y vinieron las aves del cielo y la comieron. Otra parte cayó en pedregales, donde no tenía mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra. Pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz se secó. Otra parte cayó en buena tierra, y dio fruto, pues brotó y creció, y produjo a treinta, a sesenta y a ciento uno. Entonces les dijo:  El que tiene oídos para oír, oiga. Cuando estuvo solo, los que estaban cerca de Él con los doce le preguntaron sobre la parábola.  Y les dijo: A vosotros os es dado saber el misterio del reino de Dios; mas a los que están afuera, por parábolas todas las cosas;  Para que viendo, vean y no perciban; y oyendo, oigan y no entiendan; para que no se conviertan y les sean perdonados los pecados.Y les dijo:  ¿No sabéis esta parábola?.  ¿Cómo, pues, entenderéis todas las parábolas?  El sembrador es el que siembra la palabra.Y éstos son los de junto al camino: en quienes se siembra la palabra, pero después que la oyen, en seguida viene Satanás, y quita la palabra que se sembró en sus corazones.  Estos son asimismo los que fueron sembrados en pedregales: los que cuando han oído la palabra, al momento la reciben con gozo;  Pero no tienen raíz en sí, sino que son de corta duración, porque cuando viene la  tribulación o  la persecución por causa de la palabra, luego tropiezan.  Estos son los que fueron sembrados entre espinos:  los que oyen la palabra, pero los afanes de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias de otras cosas, entran y ahogan la palabra, y se hace infructuosos.  Y éstos son los que fueron sembrados en buena tierra: los que oyen la palabra y la reciben, y dan fruto a treinta, a sesenta y a ciento por uno.  También les dijo:  ¿Acaso se trae la luz para ponerla debajo del almud, o debajo de la cama?.  ¿No es para ponerla en el candelero?.  Porque no hay nada oculto que no haya de ser manifestado; ni escondido, que no haya de salir a luz.  Si alguno tiene oídos para oír, oiga.  Les dijo también: Mirad lo que oís; porque con la medida con que medís, os será medido, y aún se os añadirá a vosotros los que oís.Porque al que tiene se le dará; y al que no tiene, aún lo que tiene se le quitará.  Decía además: Así es el reino de Dios, como cuando un hombre hecha semilla en la tierra; y duerme y se levanta, de noche y de día, y la semilla brota y crece sin que él sepa cómo.  Porque de suyo lleva fruto la tierra, primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga; y cuando el fruto está maduro, en seguida se mete la hoz, porque la siega ha llegado.  Decía también: ¿A qué haremos semejante el reino de Dios, o con qué parábola lo compararemos?.  Es como el grano de mostaza, que cuando se siembra en tierra, es la más pequeña de todas las semillas que hay en la tierra; pero después de sembrado, crece, y se hace la mayor de todas las hortalizas, y echa grandes ramas, de tal manera que las aves del cielo pueden morar bajo su sombra”.

  

Después de todo lo que pasó con mi mami en la clínica del 27 de julio al 1° de agosto de 2011 (ver Fortalecimiento del Espíritu/Un Testimonio Más),  me he sentido realmente llena del Espíritu Santo y de Dios.  Lo siento en cada momento…Cuando estoy hablando de mi mami y reconociéndole la gloria a Dios por todo lo que pasó, la sensación es aún mas intensa…

En la mañana del 6 de agosto, me puse a leer la Biblia.  Abrí Corintios, y comencé a leer y a subrayar…lo increíble es que sentía que tenía que subrayar todo…cada pensamiento y cada palabra me parecían relevantes…además, era como que, de repente, pudiera entender mas de lo que antes había entendido…lo podía casi que sentir sin necesidad de explicación alguna…llegué a la parte donde dice: «…hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez; y sabiduría, no de este siglo, ni de los príncipes de este siglo que perecen.  Mas hablamos de sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria, la que ninguno de los príncipes de este siglo conoció; porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de gloria.

Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman.
Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aún lo profundo de Dios».  Al llegar aquí, ya las lágrimas brotaban de mis ojos y no podía parar…nuevamente me sobrecogió el llanto…era una sensación increíble…esas palabras las había oído recientemente en el hospital de los labios de mi madre…diciendo…»Mi amor, en alguna parte en la Biblia dice que el Espíritu de Dios todo lo escudriña, y dice, «escudriñadlo todo»…también dice que el Espíritu gruñe pidiendo ante Dios por nosotros lo que nosotros ni sabemos que necesitamos…». Me fijé entonces en el título de la parte de la Biblia que estaba leyendo…»La revelación por el Espíritu de Dios»…y simplemente di gracias por todo lo que estaba recibiendo y seguí leyendo.

Más tarde, me encontré con mis compañeras montañistas en Sebucán y comenzamos a subir nuestra majestuosa montaña.  Era la primera vez que yo subía por este camino para llegar a la Piedra del Indio.  Mis compañeras ya lo conocían.

Cuando llevábamos como media hora de caminata, Claudia, una de mis compañeras, me mostró unos frutos redondos.  Me dijo:  “¡Mira ésto!.  Los llamamos “las bombillas”.  No sabíamos qué frutos eran, pero eran muy interesantes.  Me paré a tomarles una foto.

IMG00451-20110806-1032

 

 

 

 

 

 

Un poco más adelante en el camino, otra de mis compañeras, Kati, se quedó mirando mi gorra y me preguntó que por dónde había pasado y que qué era lo que llevaba en mi gorra.  Se acercó y me dijo que la tenía llena de unas cositas blancas.  Le dije:  “¿En serio?.  ¿Qué son?”. Estaba un poquito asustada porque no sabía si las “cositas blancas” estaban vivas…Ella con mucha suavidad agarró una y me la mostró.  Era como un plumerito blanco cuyas plumitas se movían con el viento delicadamente.  Me pareció una belleza…lo soltó y salió volando por el aire…Ambas nos preguntamos de dónde habrían salido esas cositas blancas tan lindas, qué serían y cómo y dónde se me habrían pegado a la gorra, porque ninguna de las gorras de mis tres compañeras excursionistas tenía estas cositas blancas.  Le pedí a Kati que me tomara una foto de mi gorra llena de plumitas.  Riéndonos, ella la tomó y me dijo:  ¡Estás alada!.  Y yo espontáneamente le contesté:  “Así me siento…”.  Y era totalmente cierto…Así me sentía…

IMG00453-20110806-1038Seguimos el camino y de repente Kati nos dijo a Claudia y a mí:  “¡Miren!.  Ahora ya sabemos de dónde salieron las plumitas blancas…son las semillas de las bombillas”.  Efectivamente, nos mostró uno de los frutos que llamaban “bombillas” abierto en dos y al lado, pegado entre las hojas de la mata, estaba un conjunto de plumeritos blancos y en el medio se podían observar las semillas. Todas nos sorprendimos cuando entendimos que los plumeritos blancos llevaban semillas adentro.  A mí esto me recordó una lección de ciencias que había visto en un video con mis hijos donde en una forma bella explicaban cómo se reproducían las plantas y mostraban las diferentes maneras en que las semillas eran transportadas de un lugar a lugar.  Yo, mientras veía ese video, recuerdo haberme maravillado de lo increíble de la creación de Dios.

P1000006Al llegar a una curva, exclamé: “¡Qué espectáculo!”.  Efectivamente, mis tres compañeras estaban paradas deleitándose sorprendidas y llenas de emoción porque ahí, justo al pasar la curva, encontramos una especie de huerta de “bombillas”. La colina estaba repleta de “bombillas”. Había cientos de ellas…parecía una plantación de naranjas…tratamos de tomarles fotos, pero la verdad es que ninguna logró captar el bello espectáculo ante nuestros ojos.

P1000004

 

En el camino vi una especie de espiga muy linda, y le tomé una foto.  La olimos y Claudia comentó que debía ser una espiga joven y que tenía un olor dulce y agradable.  Yo también la olí y le dije a Claudia que tenía razón.  Tenía el aroma suave de una flor.

IMG00452-20110806-1038

 

Mucho más arriba encontramos unas espigas más grandes.  Claudia, que ya había olido las espigas más pequeñas que habíamos encontrado antes, olió una de las grandes y comentó que éstas estaban más maduras, y que tenían un olor distinto.  Me comentó que también olían bien, pero que el olor era diferente.  Me acerqué para olerla…Nuevamente, ella tenía razón.  Después encontramos unas aún más grandes y cuando Claudia se acercó y olió una, mostró una cara de desagrado y dijo:  “Creo que éstas están demasiado maduras”…y sonrió…

P1000014

Pasamos por una parte del camino por donde alguien ya había pasado y había cortado toda la vegetación…parecía que hubieran cosechado…además, quienes nos habían precedido habían limpiado el camino para que fuera más fácil pasar…

 

IMG00454-20110806-1104

Ya para este momento yo le había comentado a Claudia que me parecía increíble todo lo que había visto en este camino y que lo más impresionante era que yo venía comparando mi subida a la Piedra del Indio con la vida de Jesús y con el camino de la vida. Me parecía que estuviera viviendo una de sus parábolas.  Le dije, “Claudia, ¿te das cuenta que Jesús hablaba de las semillas en sus parábolas refiriéndose a la palabra de Dios?.

Le pregunté  a Claudia si ella también se daba cuenta de la increíble y bella experiencia  que estábamos teniendo, y ella me comentó que sí  lo entendía, pero que definitivamente, para poder percibir y poner todo eso junto, uno tenía que estar en sintonía. Yo le contesté que éso me recordaba el final de uno de los poemas que había escrito en la clínica:  ¡Que aquellos que no ven, vean!…¡que aquellos que no oyen, oigan!…¡que no haga falta que toquen…que aquellos que duden, crean!.  Efectivamente, para poder recibir, teníamos que ponernos en sintonía…si estábamos en otro canal, ni siquiera nos enteraríamos de que había alguien enviando un mensaje…comenté que yo me sentía totalmente conectada y que no era en broma que cuando Kati más abajo me había comentado que estaba alada, yo le hubiera contestado que así me sentía.  La verdad es que si en algún momento me sentía cerca del cielo era en esa subida a la Piedra del Indio.

Y de pronto, allí estaba…la Piedra del Indio…el final de nuestro recorrido.  Esta última parte del camino fue super agradable.  Ya nuestras compañeras habían llegado a la meta y nos saludaban desde arriba, sentadas en la Piedra del Indio. Yo iba lentamente con Claudia, conversando y disfrutando.  En algún momento, Claudia me mostró una mata de moras y señaló específicamente las dos únicas moras maduras que estaban entre otras aún de color rojo.  Ella estaba feliz…Había pasado muchas veces en excursiones anteriores junto a esta mata y nunca había visto una mora madura.  Claudia me pidió que le pasara un palo.  Me sonreí pensando dónde encontraría un palo como el que ella necesitaba…Sin embargo, al mirar hacia abajo, conseguí uno perfecto que parecía una horquilla, justo al lado del camino.  Con gran esfuerzo, y después de varios intentos, logró agarrar las 2 moras maduras. Nos comimos una cada una.  Estaban deliciosas y dulcitas.  Contentísimas, seguimos caminando y cuál no sería mi sorpresa cuando apenas unos metros más adelante ví otra mata de moras, pero esta vez cargada de moras maduras.  Se lo hice notar a Claudia, quien no cabía en si de la emoción.

P1000015

 

 

 

Comenzó a recoger moras maduras y rápidamente llenó su mano completa de moras maduras sin hacer ningún esfuerzo. Entre las 2 nos comimos todas las moras maduras y disfrutamos cada una de ellas…ni las de la Colonia Tovar sabían tan ricas como estas…eran de tamaño perfecto, dulces y suaves…simplemente divinas.  Decidimos guardarles unas cuantas a nuestras compañeras para que también pudieran disfrutar de este delicioso fruto.

Ya en este momento, llegando a la Piedra del Indio, nuestro destino, todo cuadró, como cuando pones la última pieza del rompecabezas y ves el cuadro completo.  Estaba simplemente maravillada.  Sentía que me habían dado una clase magistral con ejemplos reales.  Compartí ésto, ahora con todas mis compañeras montañistas, sentadas sobre la Piedra del Indio y disfrutando de la bella vista.

P1000024

Les comenté que durante toda la ruta, yo había venido pensando en temas relacionados con  la vida y con  Dios.  Venía comparando la subida por la montaña con el camino de la vida.  Y mientras hacía esto, había sentido que todo lo que estaba pasando simplemente era como un cuadro gráfico de las palabras de Jesús.  Les dije algo parecido a lo siguiente:  “Fíjense,,,es realmente impresionante…comenzamos a subir y encontramos esas frutas que no conocemos y que  llamamos “las bombillas”.  Ustedes después me comentaron de las plumitas blancas en mi gorra y me dijeron que yo estaba alada, a lo que yo contesté que así me sentía…después encontramos una de “las bombillas” abiertas, y nos percatamos de que las semillas venían de “las bombillas” y que las plumitas eran las que transportaban las semillas de “las bombillas”…volaban con el viento para transportar las semillas de un lugar a otro…el hecho de que las plumitas que transportan las semillas se hayan pegado la gorra es como una manera de indicar que uno también puede servir de vehículo para ayudar en esa siembra.  Ésto me recordó la parábola de Jesús sobre cómo las semillas van cayendo, algunas en terreno fértil y otras en la roca…mas adelante nos encontramos con una plantación de “bombillas”….por llamarla de alguna manera…era como un huerto inmenso en el medio de la montaña…comentamos que parecían naranjas y nos impresionamos de cuántas había… Resulta que lo que antes nos había llamado la atención por lo escaso y por lo extraño, ahora nos avasallaba por su abundancia y por lo bello del espectáculo.  Después vimos las espigas dulces, las maduras y las que ya estaban pasadas… Las más jóvenes tenían un olor dulce.  Ahora pienso que éso representa que estaban tiernas y listas para recibir.  Después olimos la más grande y Claudia comentó que ésa tenía un olor distinto y parecía mas madura,  Pareciera que ésto reflejara las personas que están listas y dispuestas…han recibido la palabra de Dios y la han entendido, porque están ya maduras.  Después, Claudia olió la espiga aún más grande y con un gesto de desagrado dijo que ésas ya estaban demasiado maduras…Cuando le ví haciendo ese gesto, me quedó claro que estas espigas habían pasado su mejor momento y que ya no podrían dar lo que se hubiera esperado de ellas…estaban agrias…amargas…pasamos por el sitio por donde habían cortado las matas y parecía como que hubieran cosechado, y después, llegamos a donde estaban las moras dulces y deliciosas…el fruto…Por alguna “coincidencia” … o mas bien incidencia divina, le habíamos ido tomando fotos justo a todo lo que después nos permitiría poner la historia junta…La verdad es que todo cuadraba a la perfección…”.

Conversamos de otros temas, descansamos, disfrutamos de la vista y bajamos porque se acercaba la lluvia.  Y así terminó un bello paseo y una bella lección.

Pensé que la lección había terminado ahí y hoy, 8 de agosto, traté de poner juntos estos pensamientos para compartirlos.  Mientras lo estaba haciendo, y cuando ponía entre comillas la palabra “bombillas”, que habíamos utilizado para describir las frutas cuyo nombre desconocíamos, me di cuenta que había pasado por alto uno de los puntos más importantes de la lección…el fruto era “la BOMBILLA”; la semilla, que representaba la palabra de Dios, era transportada a otros lugares donde se sembraba …donde la tierra era fértil, las semillas germinaban, florecían y producían el fruto…cientos de frutos…y el fruto, “la BOMBILLA”…irradiaba luz…cuando estaba conectada y la prendían.  Entonces, todo cuadró y realmente se completó el rompecabezas…al pensar en la luz de Dios, irradiándose por todo el mundo, y en nosotros, ayudando a transportar la semilla, entendí el capítulo final de esa clase magistral…Con un llanto incontenible, le agradecí inmensamente al Espíritu Santo por todas sus bendiciones y por la maravillosa lección que había recibido…