¡Qué bello es pensar que realmente podemos hacer nuestro trabajo!.  ¡Cumplir con la misión para la cual fuimos enviados a la tierra!.  ¡Servir fielmente a quien nos dio la vida y nos ama como un Padre amoroso!.  Hacer lo que debemos hacer dando lo mejor de nosotros mismos es un gran compromiso.  Aprendiendo adquirimos conocimiento.  Entrenando y practicando adquirimos experiencia y nos fortalecemos.  Levantándonos cuando nos caemos y corrigiendo el curso cuando nos equivocamos aprendemos perseverancia y humildad.  Esperando cuando las circunstancias no están dadas para avanzar cultivamos nuestra paciencia.  Y así vamos, poco a poco, paso a paso, día a día, preparándonos, sirviendo y agradeciendo.

La madre de Samuel no había podido tener hijos y le pidió a Dios que le concediera un hijo, prometiéndole que si se lo concedía, ese hijo sería ofrendado a Dios para servirle y jamás se le cortaría el cabello. Nació Samuel y su madre cumplió su promesa, llevándolo a vivir con el sacerdote Elí.

“…La palabra de Jehová escaseaba en esos aquellos días; no había visión con frecuencia” (Samuel, 3:1).  Jehová llamó a Samuel tres veces una noche. A pesar de que Samuel ministraba diariamente a Jehová en presencia de Elí, Samuel no reconoció el llamado de Jehová pues no le había conocido aún ni tampoco le había sido revelada su palabra.  Fue Elí quien, después de que Samuel lo hubiera despertado tres veces pensando que era él quien lo llamaba, se dio cuenta de que era Jehová quien estaba llamando al muchacho y le dijo a Samuel: “Ve y acuéstate; y si te llamare dirás: Habla, Señor, que tu siervo escucha” (Samuel, 3). Samuel hizo lo que Elí le indicó y recibió el mensaje de Jehová.

Jehová también llamó al profeta Isaías diciendo:  “¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros?…”. Isaías le respondió diciendo: “Heme aquí, envíame a mí” (Isaías, 6:espirituenmovimiento; Maritza Meszaros8)

Debemos estar atentos al llamado de Jehová, aprendiendo a reconocer su voz y su palabra.  También debemos estar dispuestos a servir y a obedecer una vez que hayamos escuchado su llamado.  Siguiendo la voz de Jehová estaremos protegidos bajo su amparo y podremos avanzar por el camino que debemos seguir sabiendo que Su Espíritu nos acompañará, nos guiará y nos consolará.

¡Mantengamos nuestros oídos dispuestos a escuchar!   ¡Prendamos una vela y pasemos la luz!

Caracas, 14 de septiembre de 2020