Hoy, lloré viendo un video en el cual se puede ver al asesino de nueve personas de raza negra en la iglesia de Charleston, con dos guardias detrás de él custodiándolo, mientras se escuchan, una tras una, las voces de algunos de los familiares de sus víctimas, perdonándolo…

Cristianos creyentes y practicantes que se encontraban en una iglesia, estudiando la Biblia y compartiendo con otros cristianos…Asesinados por el simple hecho de ser negros…Asesinados por un muchacho…un hombre joven, de 21 años…adicto a las drogas…Tal vez analizando la historia de este asesino, su niñez, su entorno, sus creencias, uno podría tratar de entender qué puede llevar a una persona a cometer un acto tan vil, tan cobarde y tan bajo como a asesinar a personas inocentes que lo recibieron con amor tan solo una hora antes. De algunos testimonios de los presentes publicados, pareciera que ni siquiera al escuchar la súplica de uno de los participantes en el studio bíblico, ni al ver el acto de sacrificio de querer ofrecer su vida en el lugar de la de un ser amado, el asesino fue capaz de recapacitar…de detenerse a pensar… Hay tantos ataques como éste en el mundo…Tantos ataques y muertes sin ninguna razón justificada…Simple maldad…

Matar sin ningún motivo…Matar para hacer una declaración…Matar por placer…Matar para llamar la atención…Matar para lograr un objetivo…

Lo increíble es que no importa cuánto daño pueda hacer la maldad, siempre el amor es más poderoso. Tal vez el asesino no se conmueva…o tal vez sí…En todo caso, sus actos no lograrán el objetivo perseguido…Las víctimas son mártires que serán recordados y vivirán en sus seres queridos y en las memorias de muchos otros.

 

Caracas, 20 de junio de 2015

8:30 a.m.