Amistad;  Cuento;  Espíritu en Movimiento;  Maritza Mészáros;“Dicen que es difícil encontrar un buen amigo”, dijo la niña…”pero para mí no ha sido difícil”.

“¿No ha sido difícil?”, preguntó el niño.

“No.  Fíjate…Llegué aquí a vivir con mi abuelita y casi inmediatamente te conocí y nos hicimos amigos”, dijo la niña.

“Nos encontramos fácilmente…En eso tienes razón…pero ¿cómo sabes que soy un buen amigo?”, preguntó el niño.

“Lo sé porque me siento bien contigo”, dijo la niña…”Porque te interesas por lo que te cuento…porque siento que estás ahí para mí”.

“Y de hecho, así es…pero la amistad no es algo que se desarrolla tan fácilmente.  Fíjate que desde que nos conocimos nos hemos visto todos los días.   Ha habido constancia en esta relación…Ha ido creciendo a medida que nos hemos ido conociendo…Nos hemos respetado, nos hemos acompañado, nos hemos escuchado…Tú has venido…y yo he venido…La amistad es como una calle de dos vías.  Uno puede ir y el otro puede venir…Uno puede seguir al otro…pero en la amistad se da y se recibe…cuando uno está abajo, el otro lo apoya…cuando los dos tienen frío, se unen para darse calor…cuando uno se siente débil, el otro le transmite su fuerza…”.

“Sí…es verdad”, dijo la niña.  “Y yo pienso seguir viniendo, porque me encanta este lugar y porque ya no me lo puedo imaginar sin ti…Es como si formaras parte de él”.

“Tanto tú como yo formamos parte de este lugar y juntos estamos creando bellos recuerdos, que se mantendrán con nosotros mientras existamos”, dijo el niño.

“Sí”, sonrió la niña…”Pensándolo bien, la verdad es que tú eres el mejor amigo que he tenido”.

“Entonces no debe ser tan fácil tener un buen amigo porque  si hubiera sido fácil ya tú, siendo tan linda y simpática, hubieras tenido muchos”, dijo el niño.

“Bueno”, dijo la niña pensativa…”Lo que pasa es que sí tengo lo que llamamos “amigos”, que realmente son solo conocidos o compañeros, pero tú eres la única persona que conoce cómo pienso, que se sienta a escucharme con atención y con quien he compartido momentos tan especiales simplemente sentada, en silencio, observando las gotas de agua caer”.

“Yo pienso que si uno en la vida tiene un buen amigo, eso ya es una tremenda bendición.  Hay mucha gente que nunca llega a tener un buen amigo, aunque puedan creer que sí los tienen.  Realmente nos damos cuenta si tenemos un buen amigo cuando en los momentos más difíciles podemos contar con él…Cuando nos apoyan sin ningún interés, y sin esperar nada a cambio…Cuando se mantienen a nuestro lado cuando no tenemos nada que ofrecer…Entonces sabemos que contamos con un buen amigo”, dijo el niño.

“Espero que siempre sientas que puedes contar conmigo en momentos difíciles”, dijo la niña.

El niño sonrió. “Gracias”, dijo.  “Espero que nuestra amistad se extienda en el tiempo y se fortalezca cada día más.  Mientras más la cuidemos, más resistente será”.

“Pues yo pienso regarla todos los días, como hacen las gotas con esas bellas flores”, dijo la niña.

“Yo también lo haré”, dijo el niño…y ambos permanecieron callados, escuchando el silencio.