flores de coloresCuando el niño llegó, ya la niña estaba allí, pero esta vez no estaba sentada.  Estaba en cuclillas al lado de las flores, oliendo cada una de ellas.  Cuando vió llegar al niño le sonrió y le dijo:  “Bienvenido”.

El niño sonrió de vuelta y se sentó, mientras la observaba.

Ella continuó oliendo las flores, mientras las gotas caían desde la piedra y después regaban las flores, cayendo también sobre la niña.  Entre flor y flor, la niña levantaba la cara para que las gotas cayeran sobre su cara.  Tenía el cabello húmedo.

“Tal vez te cueste creerlo”, dijo la niña, “pero cada una de las flores tiene un aroma especial…un aroma distinto.  Creo que si me vendaran los ojos sería capaz de saber cuál es cuál, después de haberlas olido.  He estado contando sus pétalos, comparando sus formas, sus hojas y sus colores.  No he encontrado una que sea exactamente igual a otra”.

“No me sorprende”, dijo el niño.  “Los seres humanos también tenemos características propias distintas a las de los demás.  No hay dos personas idénticas…Incluso cuando se trata de gemelos, sus personalidades no son exactamente iguales…Cada uno tiene un propósito, una manera y una razón…Cada uno tiene una serie de dones y de talentos que nos fueron dados.  Con ellos podemos cumplir nuestra misión, si los usamos debidamente.  Debemos multiplicar lo que nos ha sido dado.  No es suficiente guardarlo y cuidarlo.  Debemos trabajar para que crezca y se multiplique…Imagínate que te regalaran una planta. Lo lógico sería que tú la cuidaras con cariño, que la regaras todos los días con suavidad y con amor, que la podaras cuando llegara el momento, para fortalecerla.  Haciendo todo esto, la planta dará flores y podrá dar frutos que podrán alimentar, refrescar y hacer el ambiente mas agradable.  Es incluso posible que pudieras plantar las semillas de esos frutos y tener otras plantas parecidas que también darían sus frutos.  Tu dedicación, tu constancia y tu amor, harían que cada vez hubiera más plantas.  Podrías llegar a tener una plantación, habiendo empezado con una sola planta”.

“Sí”, dijo la niña.  “Ojalá siempre podamos reconocer los dones que hemos recibido, dar gracias por ellos, y trabajar con empeño, constancia y amor para que crezcan,  se fortalezcan y se multipliquen”.

La niña continuó oliendo las flores y el niño continuó observándola .