Hoy compartí con mi amiga Maritza Mészáros mi inmensa devoción por la Virgen María, y me pidió que les contara mi experiencia “Mariana” al momento de la pérdida de mamá, quien al igual que yo, veneraba a la Virgen como La Elegida por Dios Padre para ser la Madre de Dios Hijo a través del Espíritu Santo.  Pido a este último me conceda el don de la Palabra para transmitir mi hermosa vivencia en tan doloroso momento.

Una de las más bellas promesas de la Virgen María a sus devotos, es  que tendrán en la vida y en la muerte la plenitud de la Gracia de Dios, por ello, muchos Católicos además de rezar frecuentemente el Rosario; acostumbramos encender a los moribundos una vela amarilla y roja que ha sido bendita el día 2 de febrero, fecha en la cual se celebra el día de la Virgen de la Candelaria o Día de la Luz. En recuerdo al pasaje bíblico de la Presentación del Niño Jesús en el Templo de Jerusalén (Lc 2;22-39) y la purificación de la Virgen María después del parto, para cumplir la prescripción de la Ley del Antiguo Testamento (Lev 12;1-8).

La creencia es que la  “Vela de la Candelaria” es una  luz santa que guía hacia el buen camino, y la redención en aviva la fe en Dios, es por eso la encendemos para invocar el auxilio de nuestra Madre en el Cielo en el momento de la muerte, y en cualquier otra circunstancia difícil de nuestras vidas. Por eso,  cuando vi que era inminente la muerte de mamá, encendí una Vela de la Candelaria y pedí a mi Madre en el Cielo y a su hijo Jesucristo, que la ayudaran a buen morir, guiaran su alma  hacia el cielo y nos concedieran la gracia de la resignación y aceptación de su muerte como parte de vida y el inicio de la gloriosa eternidad.

No es fácil decir adiós a nuestros seres queridos, ni acompañarlos en el trance de su enfermedad, agonía y muerte; tampoco lo fue para la Virgen María presenciar la Crucifixión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo; por eso, la invoqué con todas mis fuerzas al momento de encender la vela y recibí, junto a mis hijos y mis hermanos;  más que la conformidad por su partida y el consuelo por tan dolorosa pérdida. La convicción de que la Virgen acudió en nuestro auxilio y acompañó a mamá al cielo, pues, minutos después de su muerte, dirigí la mirada hacia la vela encendida, y con profundo asombro observé que en el asa del candelabro, la esperma derretida había formado la imagen de la Virgen María.

Fascinada me acerqué a la vela y detallé la imagen, a la vez que oía en el interior de mi cabeza o tal vez recordaba con vivida intensidad, la canción  en honor a la Virgen que la invoca y recoge su promesa:

Oh María, Madre mía

Oh Consuelo del Mortal

Amparadme y Guiadme

A la Patria Celestial

Oh, María

Mis hijos manifestaron su asombro al observar la imagen de la Virgen, ellos la mostraron a mis hermanos y familiares; todos sin excepción, hasta los menos creyentes, y por separado, vimos la imagen de la Virgen y nos sentimos consolados en nuestra pena.

Hoy comparto con ustedes el relato y la fotografía de la Vela, que aun cuando han pasado más de dos años, sigue conservando la imagen aunque un poco desdibujada por el calor y el tiempo.

También comparto esta promesa Mariana:

“El que con devoción rece mi Rosario no se verá oprimido por la desgracia, ni morirá de muerte desgraciada, se convertirá si es pecador, perseverará en gracia si es justo, y en todo caso será admitido a la vida eterna.”

Terry Cobeña

11 de septiembre de 2013

 

Imagen de la Vela

Imagen de la Vela