¡Oh, Virgen María, bendita!

Dios te concedió la gracia

Eres madre Tú de aquél

que toda nuestra sed sacia

 

 

¡Oh, mujer encantadora!…

Humilde y sacrificada

Llena de amor y ternura…

Obediente y dedicada…

 

Fruto de tu vientre fue

el bello Niño Jesús

¿Sabrías Tú desde el principio

que moriría Él en la cruz?

 

Bendita entre las mujeres…

Escogida para ser

madre del Dios encarnado

pleno de verdad y poder

 

Fue el Espíritu de Dios

quien concibió en tu interior

la más perfecto semilla

de calidad superior

 

Lo tuviste Tú en tus brazos

Lo cuidaste y lo arrullaste

Como cualquier otra madre

tú simplemente lo amaste

 

¡Oh María!  ¿Cuánto sufriste?

No lo puedo imaginar…

Mis ojos humedecidos

también quieren sollozar

 

Pues lo viste tú soñar…

Pues lo viste tú crecer…

Pues lo viste madurar…

y lo viste padecer…

 

Viste cuando lo humillaron,

lo hirieron y lo vejaron

Hombres comunes juzgaron

al Rey y lo condenaron

 

¡Oh, María, Madre Santísima!

Tuviste tú que sufrir

el dolor inaguantable

de observarlo sucumbir

 

Ante la vil injusticia

Ante incultos e inhumanos

que veían a un enemigo

cuando Él veía a Sus hermanos

 

Mas ahora entiendo también

que Tú fuiste consolada

pues el Espíritu Santo

no te dejó desolada

 

Esa paz que sobrepasa

todo nuestro entendimiento

se posó muy suavemente

aliviando el sufrimiento

 

Pudiste ver más allá

del sacrificio y la muerte

Entendiste Su misión

y aceptaste Tú Su suerte

 

¡Oh, Madre María!…¡Qué ejemplo

dejaste tú con tu vida!

¡Oh, Madre Santa y bendita!

No te diste por vencida

 

Humildemente me postro

y le doy gracias a Dios

porque mi dolor se esfuma

al compararme con vos

 

 

Caracas, 7 de diciembre de 2013

3:00 p.m.