Como la sunamita bendecida con un hijo fue en busca de paz al enfrentar su muerte (2 Reyes 4.23), así debemos nosotros pedirle a nuestro Señor que nos bendiga con Su paz. Es esa paz la que sobrepasa cualquier entendimiento. Es esa paz la que nos permite estar en calma y dispuestos a aceptar lo que venga, reposando confiados en nuestro Señor. Es esa paz la que nos hace saber que todo estará bien, independientemente de las circunstancias…Es esa la paz que evidenció Jesús durante Su enseñanza y en los momentos más difíciles que vivió siendo humano.

Pidamos paz…Pidamos esa paz…Ahora que la Navidad ya está casi aquí, pidamos paz para el mundo, paz para nuestro país, paz para nuestras familias, paz para nuestros hogares y paz para nosotros como individuos.

Celebremos el nacimiento de Jesús…Pidamos paz, porque Él es Príncipe de Paz Isaías 9.6) y lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite (Isaías 9.7). El efecto de la justicia será paz (Isaías 32.17). El castigo de nuestra paz fue sobre Él, y por Su llaga fuimos nosotros curados (Isaías 53.5).

Jesús no vino para darnos la paz como nosotros pensábamos que nos la daría…De hecho, aclaró que habría disensión… (San Mateo 10.34; San Lucas 12.51). Él vino para darnos Su paz. El mismo Jesús dijo: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón ni tenga miedo (Juan 14.27). Jesús también dijo que hablaba lo que hablaba para que en Él tuviéramos paz (San Juan 16.33). Paz en Él.

Ocupémonos del Espíritu porque eso es vida y paz (Romanos 8.6)

No permanezcamos con nuestros ojos encubiertos…Pidamos paz…La paz mediante la sangre de la cruz de Jesús (Colosenses1.20), pues Dios no es Dios de confusión sino de paz (1 Corintios 14.33).

Pidamos paz…y digamos, como dijo David: “En paz me acostaré, y asimismo dormiré; porque sólo tú, Jehová, me haces vivir confiado” (Salmos 4.8).

 

Caracas, 22 de diciembre de 2014

11:15 p.m.