La Navidad es la época del año en la cual recordamos el nacimiento del niño Dios.  La llegada al mundo del Ser que daría Su vida para ofrecernos el mejor regalo que se pueda recibir.  Un regalo de sacrificio, de amor y de vida eterna.

No tenía que darnos nada.  Él lo tenía todo… Y, sin embargo, llegó a este mundo sabiendo que tenía que cumplir una misión.  Una misión que implicaba dolor y muerte.  Vivió sabiendo que llegaría el momento cuando tendría que morir para cumplir su misión… y todo por amor…

Es en esta época cuando más debemos brindar nuestro amor a otros.  Siempre debemos hacerlo, pero esta época es especialmente bella para rememorar  a Cristo y para tratar de emularlo.  Tendamos nuestra mano a alguien que no conozcamos… Abracemos a un amigo que está pasando por un momento difícil o que simplemente se siente triste o solo… Regalemos todas las cosas que nos sobran en nuestro closet a quienes lo necesitan… Amemos a Dios sobre todas las cosas y a nuestro prójimo como a nosotros mismos… Mantengamos nuestra dignidad… Prendamos una vela y pasemos la luz para que cese la oscuridad y se ilumine el mundo con amor y paz.

La ira y la maldad andan desatadas.  Lo único que puede maniatarlas es el amor de Dios.  Llenemos nuestro corazón con ese amor y reguemos con ese amor a todos aquéllos que nos rodean.  ¡Así vibrarán y se conmoverán los corazones!