Capítulo V

La niña y el niño se siguieron encontrando en el mismo lugar… Todos los días a la misma hora… Se sentaban y conversaban, mirando las gotas caer. Poco a poco ella le iba contando más cosas sobre su vida.

Había crecido en una linda familia.  Sus padres se amaban profundamente y le habían enseñado lo bello que era el amor.  Ella decía que para ella el amor estaba lleno de  confianza y de paciencia.  El niño estaba de acuerdo.  No era eso lo que él había visto en su propio hogar ni a su alrededor, pero él estaba de acuerdo con lo que decía la niña.

«Mis papás a veces no pensaban de la misma manera», le dijo la niña ese día, «pero cuando eso pasaba, lo cual no era muy a menudo, ellos conversaban  para entender lo que el otro pensaba.  Cuando yo podía escucharlos siempre aprendía algo.  Había veces en las cuales yo misma me sorprendía porque ambos tenían razones para pensar como pensaban¨.

El niño la miró…De alguna manera, sin conocer aún la historia de la niña, él sabía que él había pasado por muchas más cosas que ella.  Él había sufrido más.  Él había experimentado lo que ella no había experimentado.  Ella se veía tan inocente.  Él le contestó: «El amor debe servir para apoyar en los momentos duros… no para hundir al otro».  «Sí», dijo la niña.  «Lo importante es aprender a compenetrarse, y como tú dices, apoyarse el uno al otro, sin hundir».

El niño le dijo: «También en una amistad, es importante respetar, comprender y apoyar al otro».  Ella le contestó: «Respeto, comprensión y apoyo».  «Sí», dijo el niño». Si  aprendiéramos a ser así con los demás, el mundo podría ser muy distinto». «Tienes razón», dijo la niña. Y así, otra vez, sentados uno junto al otro, se quedaron en silencio mirando las gotas de agua caer.