Nunca debemos permitir que sean otros quienes controlen lo que nosotros decimos.  Si dejamos que eso pase, entonces seríamos como títeres, moviéndonos al son que nos tocaran Espíritu en Movimiento

Nunca debemos permitir que sean otros quienes controlen lo que nosotros decimos. Si dejamos que eso pase, entonces seríamos como títeres, moviéndonos al son que nos tocaran
Espíritu en Movimiento

 

“Estaba preguntándome por qué será que hay gente que cree que tiene derecho a insultar a otros”, dijo la niña de repente.

“¿Y por qué estás pensando en eso?”, le preguntó el niño.

“Porque he visto a gente mayor insultándose, he visto a niños burlándose de otros niños, he visto a hombres ofendiendo a mujeres y a mujeres ofendiendo a hombres…he visto cómo se juzgan…¿Por qué actuamos así?”, preguntó la niña.

“Yo trato de no actuar así”, dijo el niño.  “Si alguna vez lo hago, inmediatamente después recapacito y pido disculpas.  Considero que nadie tiene derecho a ofender ni a insultar a otro…Quien esté libre de culpas que tire la primera piedra…Con respecto a los niños que se burlan de otros niños,  pienso que quienes se burlan son los que tienen que madurar y crecer…si su espíritu se regocija debe ser que ese espíritu tiene mucho camino por recorrer…”, dijo el niño.

“Estoy de acuerdo contigo”, dijo la niña.  “Yo nunca he sentido placer burlándome de otros.  Tampoco tengo malos pensamientos cuando veo a otros.  La verdad es que no me fijo mucho en lo malo…creo que tengo una tendencia a fijarme en lo bueno.  Una vez iba con alguien que me comentó sobre lo feo que era el entorno…me hizo hincapié en que todo estaba sucio…todo le molestaba…yo por mi parte, no me había fijado en nada de eso…yo justo en ese momento estaba dando gracias por el bello día, por el cielo azul, por los árboles y por todo lo verde que me rodeaba…Me impresionó que estuviéramos en el mismo lugar y que pudiéramos tener tan distintos sentimientos y apreciaciones”.

 

“Así pasa…”, dijo el niño.  “Algunos vemos con el corazón…otros ven solo con los ojos…Hay una regla muy buena…si solo nos estamos riendo nosotros y si a los demás no les causa gracia lo que sea que estamos diciendo, debemos parar inmediatamente.  Si nos reímos sólo nosotros o un grupito con nosotros y los demás se sienten heridos, ofendidos o atacados, debemos detenernos a considerar por qué estamos diciendo lo que estamos diciendo o por qué estamos actuando como estamos actuando.  Ahora bien, siempre tenemos el derecho a defendernos de ataques de otros…sin embargo, a veces es mejor permanecer callados.  Todo dependerá de las circunstancias…”.

“Sí”, dijo la niña.  “Yo voy a prestar más atención a las cosas que digo.  Siempre uno puede tratar de decir que fue el otro quien causó que uno dijera algo, pero la verdad es que la boca y la lengua son nuestras”.

“Así es”, dijo el niño.  “Si son nuestras, somos nosotros quienes las controlamos».

“Yo definitivamente no quiero ser un títere…”, dijo la niña.  “Prefiero ser como Pinocho, aunque se suponía que era un títere, él se movía como él quería.  Cometió varios errores, pero al final aprendió y rectificó.  Además, Geppetto lo amaba tanto que lo protegió y lo recibió de nuevo a pesar de sus errores”.

El niño sonrió.  “Espero que nunca tengas que pasar por lo que pasó Pinocho y que siempre tengas personas que te quieran y que te protejan.  Puedes contar con mi amistad siempre”, dijo el niño.

“Gracias”, dijo la niña agradecida.  “Eso es más que suficiente”.

 

Cuento para Mark

20 de marzo de 2013