Cuando se está en sintonía,
todo fluye sin cesar.
Hay continuo movimiento,
que no para a descansar.

Todo fluye suavemente,
como el agua por el río,
como el hilo por la tela,
como el aire en el vacío.

Se escucha y también se entiende,
lo que nunca se había oído.
Se toca y también se siente,
lo que nunca se ha sentido.

Se observa y también se ve,
lo que nunca se había visto,
ha llegado ya la hora,
para estar dispuesto y listo.

Porque cada pensamiento,
y cada instante del día,
trae una carga distinta,
y está lleno de energía.

Se revitaliza el alma,
y también el corazón,
sanan todas las heridas,
y se impone la razón.

Uno siente la alegría
que produce compartir,
como el lechero que sale
su leche a distribuir.

Todo fluye y todo va,
como el cántaro a la fuente,
como el niño hacia su madre,
y como la idea a la mente.

Como el pájaro que vuela,
de regreso hacia su nido,
para darles de comer
a los que aún no se han ido.

Todo tiene algún sentido,
todo cuadra en su lugar.
Hay un orden que es perfecto
y todo loga encajar.

Pierde importancia lo externo,
y nos sentimos felices.
Poseemos un instrumento
que borra las cicatrices.

Nos concentramos en ser,
y en dejar todo fluir.
Sentimos y percibimos…
ya no tenemos que huir.

Pues tenemos la certeza,
que hay alguien que nos dirige,
que nos enseña el comino,
y que nuestra vida rige.

Y esta certeza interior,
nos brinda seguridad,
y nos permite entender,
lo que es una gran verdad.

Sin importar el pasado,
sin importar lo vivido,
todos podemos vivir,
una vida con sentido.

Libre de problemas vanos,
libre de preocupaciones,
que tratan de detener,
aunque no existen razones.

Cuando se siente fluir
todo a nuestro alrededor,
no hay nada que nos detenga,
no hay nada estremecedor.

Sabemos que todo está
en las manos del Creador,
y que somos su instrumento,
para repartir amor.